«El Señor se ha hecho pobre por nosotros en este mundo. Ésta es la excelencia de la altísima pobreza que os ha constituido a vosotras, amadísimas Hermanas mías, herederas y reinas del Reino de los Cielos, os ha hecho pobres de cosas y os ha enaltecido en virtudes. Sea ésta vuestra porción, la que conduce a la tierra de los vivos, estrechaos a ella totalmente, amadísimas Hermanas, y, por el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, ninguna otra cosa queráis tener jamás bajo el cielo». (Reg CI, 8)

Penitencia virginal y esponsal



La vida de penitencia es para nosotras una vida de continua conversión evangélica, como experiencia del amor a Dios y a los hermanos. Nuestra vida es una contemplación de las profundidades del Amor Trinitario, a través del cual se aprende el amor a Cristo, el amor entre las mismas Hermanas y el amor hacia todos los hombres y mujeres del mundo.


Cada una de nosotras está llamada a ser signo del amor gratuito de Dios a la humanidad, y en la intimidad esponsal estamos llamadas a contemplar a Cristo como “el más hermoso entre los hijos de los hombres” (2 Cta,20). Somos Esposas del Rey de los Cielos, y por eso estamos alegres, debiéndonos conducir en todo momento conforme a tal alta dignidad a la que hemos sido llamadas por pura gracia de Cristo. A Él solo debe pertenecer nuestro corazón. En Él vivimos, respiramos, trabajamos… Nuestro Esposo es nuestro todo: Deus meus et omnia.